1. El primer paso consiste en obtener una completa anestesia del diente. El tratamiento debe de ser indoloro, una vez anestesiado el diente correctamente, el paciente no experimenta molestia de ningún tipo. Una vez comprobada la anestesia completa procederemos a entrar en la cámara pulpar que es como el vestibulo de entrada de una casa en la que ya observamos las “puertas” de acceso al interior de las raíces.
2. Con unos intrumentos, llamados limas, especificamente diseñados iremos eliminando el contenido radicular (vasos y nervios) y limpiando las paredes de modo que no quede ningún resto adherido a las mismas. Un potente desinfectante nos ayudará en esta labor de limpieza radicular. La ingesta accidental de este liquido o de alguna lima podría ser muy peligroso y para evitar esto siempre deberemos de proteger al paciente colocándole un dique de goma, que además nos ayudará a ver todo mejor y a poder trabajar más rapido.
3. Concluida la limpieza y preparación del interior de la raíz (conducto) procederemos a secar el mismo con unas puntas de papel absorvente especialmente diseñadas para ello.
4. Por último, rellenaremos el conducto con unas puntas de gutapercha (resina especial) y una cemento sellador para evitar así que queden espacios vacíos donde las bacterias podrían multiplicarse y producir infecciones posteriores.